Una masiva y espontánea movilización vecinal tiene lugar hoy en la localidad bonaerense de El Palomar, luego de que un violento intento de robo y posterior tiroteo en la puerta del tradicional Colegio Emaús sembrara el pánico generalizado. Las familias de la comunidad educativa y residentes locales marcharon directamente hacia la vivienda del intendente de Morón, Lucas Ghi, para exigir respuestas concretas y mayor presencia policial ante una situación que califican de insostenible.
El detonante del reclamo ocurrió a primera mañana, alrededor de las 7:00, coincidiendo con el horario de ingreso de los alumnos. Tres delincuentes armados interceptaron a un excomisario para robarle su vehículo en la calle Santiago Brian al 900. La secuencia derivó en un violento enfrentamiento armado que dejó al expolicía herido y desató el terror entre los estudiantes, padres y docentes que se encontraban en las inmediaciones del establecimiento educativo. 
«En El Palomar es jugar a la ruleta: te bajás del auto y no sabés qué te va a pasar», lamentó indignada una vecina durante la movilización convocada en la intersección de Dinamarca y Gobernador D’Amico. Entre aplausos, cacerolazos y consignas como «no podemos vivir más con miedo», la marcha se trasladó hacia el domicilio del jefe comunal para visibilizar el hartazgo generalizado.
Los manifestantes autoconvocados expusieron un reclamo formalizado que apunta a desarticular lo que consideran zonas vulnerables del barrio. Las principales demandas incluyen incremento urgente de los patrullajes preventivos durante los horarios de entrada y salida de los colegios de la zona, instalación y monitoreo efectivo de cámaras de seguridad vecinales, sumado a un plan integral de luminarias en esquinas críticas y exigen una articulación real entre el municipio y el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires para saturar de efectivos las calles.
Por su parte, la indignación aumentó tras trascender declaraciones cruzadas en el ámbito municipal que deslizaron la preocupante existencia de «zonas liberadas» en la región, un factor que potenció la convocatoria de las familias que exigen volver a caminar tranquilas por su barrio.